Leer menos para leer mejor
El título podría encerrar un contrasentido ya que una de las máximas de la cultura es algo así como “lee mucho”. Pero lo que busco es sugerir la lectura pausada ante la avalancha de información (o desinformación) que nos llega día a día. Se trata de seleccionar las lecturas, en lugar de devorar saltando de párrafo en párrafo todo el material al que tenemos acceso gracias a internet y las redes sociales. Cada vez soy más selectivo, procuro leer menos cosas, pero leerlas más a fondo. Leer menos para leer más.
Hace tiempo tropecé (digo tropezar y no encontrar porque hoy en día, en las redes sociales no encuentras las cosas, son más bien ellas las te encuentran a ti) con una web, blog, magazine, revista o como queráis llamarlo, que me acabó de abrir los ojos. Se trata de Jot Down Magazine. No pretendo usar esta reflexión para ensalzar sus cualidades, que las tiene, como medio de información sin sesgo ideológico y sin ataduras (y que siga así…), sino llamar la atención sobre una característica de la mayor parte de sus artículos, opiniones y entrevistas. En algunos casos, en bastantes, son artículos kilométricos. Si se echa un vistazo a la barra de scroll al abrir la página se detecta que allí vas a estar un buen rato. Leer algo en JotDown requiere aparcar las prisas habituales en internet. Lejos de cerrar la web la primera vez, me adentré en varios artículos, hasta el punto de que dejaba de percibir su longitud y por lo general me quedaba (me quedo, porque soy un lector asiduo) con ganas de más. Y no se trata de cantidad, porque precisamente esa longitud obliga a preparar cada artículo con mimo para evitar que el lector se aburra y abandone a mitad de camino, así que se trata de calidad en el contenido ofrecido. Ese es el objetivo, no el tamaño del artículo a leer.
Estoy harto de ver blogs supuestamente líderes en social media y comunicación que vuelcan basura cada día al servidor y por consiguiente a internet, con textos que parecen seleccionados por un sistema automático de unión de frases de la temática en cuestión. Cada día estoy más seguro de que funcionan así. Eso cuando no roban directamente un artículo de un blog personal, cosa que ha ocurrido (y demostrado) varias veces. A pesar de ello, conservan una inexplicable legión de seguidores, que seguramente reboten sus contenidos sin leer una palabra. Afortunadamente, hay muchos oasis en el desierto, suficientes para confiar en que la calidad en internet siga estando presente.
La comentada longitud de ciertos artículos como los de Jot Down, aunque estén bien elaborados, supongo que hace a más de uno cambiar de registro e irse a otra parte antes de empezar a leer y a pesar de eso, dar charlas luego sobre la importancia de la comunicación en internet. Pero creo que la apuesta por la calidad debe ir en ese sentido, en hacer algo interesante sin que importe su tamaño. Tengo amigos, conocidos y otra gente que sigo en las redes sociales que me hablan de la necesidad de escribir cosas que se puedan leer en un minuto, que no tienen más tiempo para mi. Hasta en mi propio blog me he sentido intimidado por este tipo de recomendaciones porque más de una persona cercana me ha dicho que mis artículos son por lo general… largos. No digo que no sean opiniones ciertas (y además, son tremendamente respetables) pero son matizables. Entiendo que alguien no esté de acuerdo con lo que escribo, faltaría más, pero asumir como crítica que escribo artículos demasiado largos me resulta complejo. Vivimos de forma acelerada en un mundo acelerado y por lo tanto, consumimos de forma acelerada. Va siendo hora de ir más despacio. Lo siento por aquellos que leen, o creen que leen, cincuenta artículos por hora. Es imposible leer y mucho menos digerir la información a esa velocidad. Eso, si hay información, porque en muchos casos es pura infoxicación, ruido en forma de negro sobre blanco.
Tras muchos años como centinela de lo que se cuece por internet, por mi dedicación laboral y mis aficiones, y tras quemar varias etapas a nivel personal al respecto, he llegado a un punto en el que aunque me mantendré vigilante de igual forma, porque me encanta este mundo interconectado que la red nos ofrece, sí que tengo muy claro que ante la avalancha de información e imágenes que nos llega, es vital ser selectivo, es vital tener pausa, no creerse de antemano lo que lees o lo que estás viendo sin procesar esos datos y analizarlos detenidamente. Centenares de informaciones falsas navegan por internet cada minuto. Miles de supuestas fotos verídicas están trucadas sin aviso. Incontables veces se atribuye un texto o una foto a un autor incorrecto, de forma malintencionada muchas veces, ignorando al autor original. De la necesidad de desinfoxicarse y evitar la basura 2.0 ya he hablado en este blog en otras ocasiones. Todo es fruto del exceso de velocidad, de tragar en lugar de leer. De mirar en lugar de entender lo que está escrito.
En la época en la que sólo existía el papel, creo que eramos más pausados a la hora de leer, ya fuera un libro o un diario de información, y todo se procesaba con más calma. No debería ser complicado, por lo tanto, volver a ese método aunque ahora usemos una pantalla para leer. Leamos menos para leer mejor.
Muy acertado tu post. Yo también topo cada día con post de gente con cientos o miles de seguidores que son replicas de otros post de colegas que se limitan a cambiar las palabras. Creo que si uno anda en busca de la diferenciación y de potenciar su marca, no debería caer en esas técnicas de redacción ya que jamas pasara de ser uno mas.
Pues sí, tienes toda la razón. Yo directamente dejé de leer al comprarme un smartphone… algo muy lamentable. Lo he rectificado y ahora, en el tren, leo libros. No es la herramienta en sí el problema, sino una cierta ansiedad en estar actualizado (esa es mi opinión). Quitarse de todo ese rollo para empezar a leer de verdad es fundamental… Yo, si no fuese por motivos laborales, estaría más bien desconectado de la actualidad. Acabas descubriendo que, al final, da igual. El placer de una buena lectura, es lo que importa, no la información, a granel, (¿a cuanto va el kilo?). Esto no significa que no sea necesario estar actualizado, no; se trata más bien de que da igual. Da igual qué tipo de cosa, documento, con qué herramienta leas y con qué finalidad. Pero hay algo que debería (es) inegociable: leas lo que leas (y en realidad hagas lo que hagas) léelo con toda tu atención, no hay nada más. Pero estamos lejos de ello, porque prima más que no se te escape nada (ay! el tiempo!) que no disfrutar de lo que sea como si no hubiera nada más (y en realidad, hay algo más que lo que hay ahora mismo?). Bien, me he ido por las ramas con las filosofadas, pero buen artículo!
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