Streaming, la tercera vía

El streaming es una tecnología que permite al usuario visionar de manera directa, sin descargas y sin cortes, cualquier tipo de contenido multimedia. Para que el streaming pueda ser operativo, requiere de un importante ancho de banda, algo que a día de hoy ya está presente a nivel mundial, y por lo tanto, se trata de una tecnología cuya capacidad de alcance y crecimiento es, igualmente, mundial. El soporte físico y software sobre el que se visualiza el streaming puede ser cualquiera de los dispositivos que hoy en día utilizamos para conectarnos a internet, desde un ordenador a un smartphone. No hay necesidad de almacenar el contenido de manera previa a su visualización, lo que evita tener que incorporar a esos dispositivos un gran almacenamiento físico que redundaría en su peso y coste, además del lógico tiempo de espera para que la descarga sea completa. El contenido se consume y desaparece hasta nueva petición de éste. Además, permite acceder a contenidos ofrecidos en directo desde cualquier lugar del mundo con conexión a internet.

El potencial del streaming radica en que es una alternativa a la descarga ilegal de archivos, ofreciendo un entorno en el que todas las partes ganan. El streaming ofrece un coste económico de consumo de contenidos para el usuario final mucho más interesante que los de la industria multimedia clásica, donde el precio de reproductores y dispositivos de almacenamiento (Blu-ray, dvd…) y sus correspondientes e injustos cánones hacen que la descarga ilegal de contenidos sea la réplica del consumidor. Los estudios demuestran que el crecimiento del streaming provoca un descenso paralelo de las descargas directas de carácter ilegal. El consumo de streaming es mayoritariamente una opción legal, un pago (o no) por contenido. Un pago en su justa medida por un contenido a medida. El modelo de negocio existe y es viable para todas las partes: para el autor que genera el contenido, para la empresa que oferta el contenido y para el canal que distribuye el contenido. La industria publicitaria, que puede beneficiarse de la falta de barreras técnicas que sí tienen los canales audiovisuales clásicos, puede permitir incluso que ciertos contenidos, por ejemplo, eventos deportivos de carácter mundial en directo, puedan ser incluso gratuitos.

Cuando el ancho de banda disponible permitió al streaming salir del laboratorio hacia el gran público, hace ya unos años, sus ventajas provocaron un arranque publicitario arrollador de esta solución. Sin embargo, en la práctica ese ancho de banda necesario no estaba presente todavía en una mayoría aplastante de hogares como para convertirlo en algo popular, lo que impidió su crecimiento más allá de la siempre presente (y peligrosa) frase de “la tecnología del futuro”, la cual sólo alcanzaban todavía unos pocos. Después, a pesar de la llegada de las tarifas planas que, ahora sí, lanzaron internet de alta velocidad a la mayoría de los hogares, el crecimiento de las opciones de descarga directa de archivos y el empuje de la nueva oferta televisiva “clásica” a través del tdt dejaron algo desubicada la opción del streaming, pero hoy en día, una vez la televisión en su formato clásico está firmando su epitafio, ya que el tdt ha resultado ser una tomadura de pelo política sin utilidad alguna para el consumidor de contenidos, y sobre todo, por los encontronazos de la descarga de archivos con la justicia (no hace falta ir más allá del caso Megaupload), el streaming está más presente que nunca como opción para consumir contenidos.

Para que el streaming se asiente y la descarga directa ilegal sea algo residual todas las partes tienen que buscar un punto de encuentro. Hay algunos amigos del todo gratis que a día de hoy claman contra las leyes de protección de derechos de autor, pero que jamás se descargarían productos originales aunque estos tuvieran un precio razonable, aunque esto último no lo van a reconocer. En el lado opuesto, muchos dinosaurios de las industrias más apegadas al cobro de derechos de autor (que NO es lo mismo que la protección de los derechos de ese autor, aunque lo parezca) quieren morir matando. En ello están las candidaturas a presidir la tristemente célebre SGAE o la actual dirección de la academia de cine, que están mostrando una inexplicable cabezonería llegando al menosprecio torpe y ridículo de lo que es internet a día de hoy, calificando la red como algo prescindible, “cosa de cuatro amiguetes” (sic). Ocurre que el streaming puede que no permita tanto margen de beneficios a algunas partes del entramado de la industria audiovisual actual, y ese es el motivo por el que algunos anteponen sus intereses particulares al beneficio global de creadores, industria y consumidores.

El futuro es de quien avanza hacia él, no del que vive de las rentas del pasado. Internet y el streaming son parte de ese futuro.