Inmovilismo 2.0: buscar o no buscar el queso

Hace mucho tiempo que no es factible dedicar el esfuerzo empresarial a realizar una misma tarea repetitiva durante décadas. Hace medio siglo era posible fabricar mesas de patas torneadas color nogal, y diez años después, fabricar mesas de patas torneadas color nogal. Y veinte años después, más de lo mismo. Así han sobrevivido y avanzado miles de empresas de distintos sectores. Sabían hacer algo, lo hacían, y como ese producto se vendía, no tocaban una coma del discurso. No era mala idea dado que eso es lo que reclamaba el mercado. Pero eso es pasado.

El problema para casi todos los sectores del mundo empresarial es que la película ahora es otra y ha pillado a demasiada gente con el paso cambiado, sin capacidad de reacción ante un escenario que nada se parece al que existía hace 20 años. Renovarse o morir, aunque no es fácil hacer lo primero y más de uno ha optado por lo segundo ante la incapacidad para buscar el queso en otro lugar, recordando el acertado libro de Spencer Johnson.

Centrando la reflexión en el ejemplo español, entre los que se han quedado quejándose de que les han robado su queso, y no hacen nada por moverse y buscarlo, encontramos dos tipos de caída libre: aquellos que languidecen porque la coyuntura económica global les arrastra a la decadencia y no son capaces de encontrar nuevas vías para abrir sus mercados con nuevas opciones, y por otra parte, los que resisten de forma numantina apoyados en sus lobbies de presión logrando que el marco normativo les favorezca con leyes hechas a medida para su resistencia. Tanto unos como otros tienen ante si un complejo futuro, y es difícil que logren mantener el status ganado de mejor o peor forma en el pasado. Esa tormenta además, genera una enorme marejada laboral cuando el castillo de naipes se derrumba. Eso es lo trágico: cuando un sector empresarial se viene abajo sin remedio, porque las políticas de gestión del desempleo y recolocación brillan por su incapacidad para lograr su objetivo.

Un buen ejemplo de la primera tipología inmovilista es el sector del mueble, con gran arraigo en varias zonas de este país. Golpeado de lleno por la caída del imperio de la construcción que se había levantado en España y rematado por la crisis financiera, se trata de un sector cuyas perspectivas de futuro resultan bastante oscuras: un mueble es algo que casi siempre puede esperar en caso de escasez de dinero, junto con la entrada en el país de un concepto de mueble más económico y ligero. Este sector, en general, ha reaccionado tarde y mal y fruto de ello decenas de empresas han ido cerrando estos últimos años. Se trata además de un tejido empresarial de PYME, lo cual complica en gran medida el reciclaje hacia nuevas tecnologías y distintas opciones de salida hacia nuevos mercados o la creación de otra generación de productos con unos costes financieros que nada deberían tener que ver con los que se habían planteado hasta entonces. Incapaces de buscar el queso y con la administración mirando para otro lado en lugar de ayudar con sentido, han ido volcando miles de trabajadores hacia las colas del INEM y un sector que era santo y seña en ciertas partes de España hace poco más de una década ahora es un triste ejemplo de hundimiento empresarial, salvo honrosas excepciones.

En el segundo escalón inmovilista encontramos a los sectores que han aprovechado su poder ante la administración y su estructura de multinacional, con las ventajas que eso conlleva, para no mover un pie del sitio. La industria discográfica y la editorial son dos ejemplos de ello. Del escenario musical ya se ha hablado largo y tendido, ley Sinde mediante,  y la conclusión es que ese sector no ha hecho casi nada por enfrentarse al nuevo panorama comercial que se genera a partir de la explosión de uso de internet más allá de proteger su mercado, que no el de sus representados. El sector editorial, que ha podido ver en la revolución musical “las barbas del vecino” y que también está dentro del saco de la propiedad intelectual, ha realizado el mismo ejercicio de inmovilismo, también apoyado en su poder ante las administraciones. El libro electrónico y el almacenamiento en la nube avanzan a pasos agigantados y van a ser el futuro a medio plazo, pero este sector en España logra que cada año miles de personas tengan que hacer cola en librerías para comprar libros de texto que no servirán al año siguiente. Lógicamente no se puede dar la vuelta a la tortilla en un día, porque además hablamos de puestos de trabajo que no pueden ni deben desaparecer mañana (otro error endémico en España, cerrar un sector laboral -minería, astilleros…- sin políticas realistas de recolocación de miles de trabajadores) pero se corre el riesgo de que no hacer nada signifique que esa tortilla dé la vuelta de un día para otro sin querer y entonces el trauma laboral sea enorme.

En definitiva, se trata de sectores empresariales que necesitan moverse y encontrar con rapidez nuevos depósitos de queso, pero que han optado por unos motivos u otros, por la arriesgada tarea de ver el movimiento del universo 2.0 desde la barrera, pensando que podrían seguir haciendo mesas de patas torneadas color nogal, vender álbumes musicales en soporte CD a 25€ o libros de 500 páginas de papel y un kilo de peso.

Ese inmovilismo les costará caro. Nos costará caro.